DAMIAN
Antes de que mis reflejos, embotados por el deseo y la furia, pudieran reaccionar; antes de que mis manos pudieran atrapar su cintura y clavarla contra el frío mármol para hacerla mía de una vez por todas y acabar con este suplicio, ella se escurrió. Ligera, etérea, una fantasma de seda y carne caliente, se deslizó hacia el comedor, dejando a su paso solo el eco de su perfume y el calor de su cuerpo impreso en el mío.
Me quedé solo, anclado al suelo, con el puño tan brutalmente apretado