SAMUEL
Llegamos al aeropuerto con el tiempo justo. Las puertas automáticas se abren para recibirnos con ese bullicio de viajeros apurados, maletas que ruedan sobre el piso de mármol, voces que se cruzan en varios idiomas sin encontrarse nunca. Gael lleva la delantera, con el vuelo ya en la pantalla del teléfono, marcando la puerta de embarque. Lucas y Bastián lo siguen, con sus mochilas colgando de un hombro, hablando de los ensayos, del productor, de lo que viene.
Yo me adelanto. No porque ten