VALERIA
Aún sigo en shock cuando Damián me sorprende por detrás. Sus brazos rodean mi cintura antes de que pueda reaccionar.
—¿Quién era, cariño? —pregunta, y su voz ronca me hace contener el aliento.
—¡Dios, me asustaste! —respondo, forzando una risa que no siento—. Era mi padre. Quería saber cómo iba el trabajo. Ya sabes, llama cada semana para saber cómo me encuentro.
—¿Aún no asimila que eres feliz conmigo? —dice, y hay algo en su tono que no logro descifrar.
—No —miento, sintiendo cómo el