VALERIA
Llevo horas con los planos, pero mi mente no termina de enfocarse. Las líneas se me difuminan entre los dedos, los números bailan ante mis ojos como si quisieran escaparse. Cada vez que intento concentrarme, una imagen se cuela en mi cabeza: Sofía. Su rostro desencajado, sus dedos arrancándose el anillo. Su voz rompiéndose al decir que lo había perdido todo.
—Concéntrate —murmuro para mis adentros, frotándome las sienes—. Concéntrate, maldita sea.
Este proyecto de restauración histórica