SAMUEL
Lucas me mira con una mezcla de admiración y ternura.
—Sin duda es amor, hermano.
—Ojalá ella también lo viera así.
—¿Y sabes quién es el otro? —pregunta Lucas, y la pregunta me golpea como un balde de agua fría.
—No —respondo, y mi voz se vuelve más grave—. Nunca la he visto con alguien de manera formal. Conozco a sus amigos, a sus colegas del trabajo, y no tengo ni puta idea de quién es el maldito que la tiene loca.
—Conocer a tu rival es el primer paso para empezar la lucha —dice Luca