SAMUEL
Cerré los ojos otra vez. Y esta vez, no los abrí hasta mucho después.
Cuando recobré la conciencia, estaba en una cama de hospital. El sol entraba por la ventana, dibujando cuadros de luz en el piso. Tenía una vía en la mano y el corazón me latía con una lentitud que me asustaba.
Lucas estaba sentado a mi lado. Dormía, su cabeza descansaba sobre sus brazos cruzados en el borde de la cama. Su respiración era profunda, lenta, como si hubiera pasado horas en vela y apenas hubiera cerrado l