SAMUEL
El dolor era insoportable, pero no era nada comparado con el vacío que sentí cuando vi a Valeria caer. La imagen se quedó grabada en mi retina como un hierro candente: su cuerpo desplomándose sobre el suelo manchado de sangre, sus manos presionando el vientre, sus ojos abriéndose y cerrándose como si estuviera luchando por no irse. Quise gritar su nombre, pero la voz no me salió. Quise correr hacia ella, pero las piernas no me respondieron.
Todo ocurrió demasiado rápido. Damián con la na