De pie en los escalones frente a la puerta del apartamento de Manuel, María de repente detuvo sus pasos que se elevaban, titubeando y vacilando. En su rostro comenzó a sentirse un calor abrasador, una especie de vergüenza que se extendía automáticamente como si alguien le hubiera abofeteado la cara.
Toda la determinación y valentía que había reunido antes de venir para salvar a Sebastián, en este instante, se desvanecieron por completo, desapareciendo por completo. Antes de entrar, su síndrome d