La alegría y la ira no se reflejan en su rostro.
María se paró frente a él, levantó la cabeza para mirarlo y lo observó durante unos diez segundos aproximadamente, sin percibir ningún cambio en su expresión. No podía determinar si estaba contento o no con lo que ella dijo. Después de pensarlo un momento, una sonrisa sincera se formó lentamente en sus labios.
—Manuel, ¿sabes? En realidad, encontrarte en mi momento más desesperado y desolado fue mi mayor suerte.
Entre dos personas, la comunicaci