—Es hora de entrar.
María estaba tan besada por Manuel que apenas podía respirar. Su rostro estaba enrojecido por la falta de aire. Lentamente, abrió los ojos un poco y miró al hombre que estaba cómodamente encima de ella. Sus rasgos eran hermosos, con cejas profundas y ojos oscuros que la miraban fijamente. En la oscuridad de sus pupilas, solo podía ver su pequeña sombra, como si solo ella estuviera en su mente y corazón.
Las diversas emociones que contenía eran complejas y desconocidas para el