Cuando Manuel empujó la puerta y entró, María estaba distraída. Recordaba los momentos pasados con Nicolás, algunos dulces, otros reconfortantes, otros llenos de dolor y frustración, lo que le causaba una ligera melancolía.
Por un breve momento de distracción, no se dio cuenta de que Sebastián la abrazaba firmemente, con ella acurrucándose en él.
La entrada repentina de Manuel la tomó por sorpresa. María apenas tuvo tiempo de voltear la cabeza para mirarlo cuando lo vio acercarse sin expresión,