María abrió suavemente la puerta, pero en lugar de avanzar más, se detuvo a una distancia considerable del hombre dominante.
En su nariz, percibió una mezcla de fragancia a libros y nicotina. Incluso llegó a notar un sutil aroma a menta. El olor de la menta le resultaba extrañamente familiar. Sacudió la cabeza, atribuyendo la sensación a su nerviosismo excesivo. Debía ser su imaginación.
Ninguno de los dos habló. La atmósfera se volvía cada vez más tensa e incómoda. Como intrusa involuntaria, M