Daniela siempre vivió con orgullo y desenfado, resplandeciente como el sol. Esta era la primera vez que María la veía tan desaliñada y casi irreconocible. Se conmovió hasta el punto de casi llorar, se acercó y la abrazó fuertemente, conteniendo su tristeza mientras le consolaba en voz baja.
—Daniela, Sebastián es una buena persona y tendrá suerte. Seguro que estará bien.
—Sí, mi hermano estará bien, definitivamente lo estará.
Daniela soltó la mano, abrazándola a María fuertemente, con la barbil