68 Reencuentro.
El aire en las supuestas cámaras de huéspedes que le habían asignado olía a cera de abejas y a algo dulce y artificial que a Eryn le revolvía el estómago. Habían llegado a Azveria tras un viaje largo y tenso, y cada momento dentro de los límites del "Reino Azul" solo había confirmado su profunda desconfianza. La belleza del lugar era innegable: torres de cristal azulado, arcos elegantes y jardines invernales que parecían sacados de un cuento. Pero debajo del brillo, Eryn percibía algo retorcido