69 Secuestrador.
Eryn sintió que el mundo se estrechaba hasta convertirse en un túnel oscuro y sofocante. El aire le quemaba los pulmones, pero no lograba llenarlos. Un temblor incontrolable, que comenzó en sus manos, se extendió por todo su cuerpo como una corriente eléctrica de puro pánico. Sus ojos le escocían, abrasados por las lágrimas que se negaba a derramar delante de ellos, y un nudo de angustia, duro y punzante, se le había anclado en la boca del estómago, provocándole náuseas que apenas podía contene