24. La oscuridad tras el Alba.
La habitación asignada a Evdenor era, como era de esperar, opulenta. Alfombras gruesas, tapices que narraban batallas ancestrales y una cama enorme con doseles de terciopelo que parecía pedir a gritos un descanso regio. Sin embargo, para Eryn, ese lujo solo subrayaba un problema práctico: solo había una cama.
Conociendo la naturaleza posesiva pero distante del príncipe, asumió que su lugar estaría, una vez más, en el suelo. Al cerrar la puerta, con un suspiro de resignación, se quitó la bufanda