22. Sentimientos confusos.
Eryn se tocaba los labios una y otra vez, fríos por la gélida temperatura del ambiente, pero aún ardían con el fuego fantasma de un recuerdo que no podía borrar. A su lado, Ralion hablaba hasta por los codos, contándole con entusiasmo cada detalle de la fabulosa misión de la que acababa de regresar. Pero las palabras de su amigo eran como un rumor lejano, ahogado por el eco ensordecedor de lo que había ocurrido en los aposentos de Evdenor.
Su mente, traicionera, reproducía el momento en un bucl