El ambiente en el castillo se volvió denso desde la partida de Lucía y Amadeo; las murallas no solo contenían la amenaza externa, sino también la desconfianza que crecía dentro. Sareth lo sentía en cada mirada que se desviaba apenas ella entraba en una sala, en los murmullos que callaban cuando pasaba por los pasillos y en los soldados que preferían apartarse antes que compartir mesa con ella. Myra era la más evidente: no se molestaba en ocultar el desprecio en sus ojos ni el veneno en sus pala