*—Antonella:
Se quedaron en silencio por un largo rato, con las manos entrelazadas, como si no hiciera falta nada más. La lluvia repiqueteaba suavemente sobre el techo del auto, y el sonido se mezclaba con sus respiraciones acompasadas. En ese instante, el mundo se volvió lejano, como si solo existieran ellos dos, atrapados en un paréntesis donde el tiempo se había detenido.
Entonces…
—¿Estamos bien? —preguntó Max en voz baja, casi temerosa, inclinándose hacia ella hasta apoyar la cabeza