*—Max:
La oficina de Maximilian Bryant estaba sumida en un silencio sepulcral, sólo interrumpido por el tenue tic-tac del reloj en la pared. Afuera, la ciudad seguía su curso indiferente, pero dentro de esas cuatro paredes, todo parecía haberse detenido.
Max estaba sentado en su escritorio, con la mirada perdida en la gran ventana que ofrecía una vista panorámica de Los Ángeles. Sin embargo, para él, no era más que un cúmulo de luces borrosas y sin vida. Un vaso de whisky descansaba a me