*—Antonella:
Antonella miró por la ventanilla del auto, observando la hermosa mañana que se desplegaba ante ella. El sol bañaba la ciudad con su luz dorada, el cielo estaba despejado y el aire era fresco, pero nada de eso importaba. La belleza del día solo hacía más evidente el abismo de oscuridad en el que se hundía.
Estaba rota. Destrozada.
El peso en su pecho era insoportable, como si su corazón estuviera siendo triturado por una fuerza invisible. Se sentía vacía, como si le hubieran