*—Antonella:
Cuando llegó al edificio, las recepcionistas la reconocieron y, al preguntar por Max, le indicaron que estaba en su oficina. Antonella asintió mecánicamente mientras le entregaban una identificación de visitante, sintiendo como si todo a su alrededor estuviera en cámara lenta.
Se obligó a moverse, a poner un pie delante del otro hasta el ascensor. Cada piso que ascendía era un puñal clavándose más hondo en su pecho. Intentó llamarlo una vez más, sus dedos temblaban sobre la