No Estás Solo.
La sala de simulación estaba diseñada para romper a la gente en silencio. No gritaba, no presionaba, no amenazaba: simplemente dejaba que las paredes blancas, demasiado lisas para ser humanas, devolvieran cada pensamiento con un eco deformado, como si el espacio entero funcionara como un resonador de miedos.
El aire allí dentro olía siempre a metal frío, incluso cuando las máquinas estaban apagadas.
Leo estaba sentado en el suelo, con las rodillas dobladas contra el pecho y la mirada fija en la