El Vínculo.
El silencio después del colapso era antinatural. No quedaba ni el eco de las máquinas ni el murmullo del sistema. Solo un vacío denso que se adhería a la piel como una segunda capa. Isela lo sintió respirar en su oído, un susurro constante que no provenía de afuera, sino de adentro.
El cuerpo no le pertenecía del todo. Cada músculo respondía con retardo, cada pensamiento parecía rebotar contra un muro invisible antes de llegar a la superficie. Las luces del complejo parpadeaban a lo lejos, alim