El Destino de Elena.
Desde el helipuerto, la ciudad se extendía como un cuerpo dormido, salpicado por luces rojas que titilaban entre el humo. Era una noche sin viento, pesada, como si incluso el aire supiera que algo estaba a punto de romperse.
Damian ajustó su guante de control y revisó por última vez el mapa proyectado sobre la tableta holográfica.
—Punto de inserción confirmado. Entrada por el ala este. Sin comunicaciones con el Consejo, sin registro. —Su voz era fría, segura—. Nadie sabrá que estuvimos aquí.
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