El silencio en el despacho principal de la mansión Valenzuela no era el presagio de la paz, sino el aire pesado y sofocante que antecede a la tormenta definitiva. Transcurridas menos de cuarenta y ocho horas desde que las pruebas contables extraídas de la caja fuerte comenzaran a ser procesadas en la sede de la fiscalía por el equipo especializado de Sebastián Castellanos, el aura de invulnerabilidad que rodeó a Augusto Valenzuela durante más de cuatro décadas comenzó a desmoronarse con una rap