El retumbar de los motores de las unidades de la policía federal al detenerse frente a las rejas de hierro forjado de la mansión Valenzuela rompió el silencio helado del atardecer. Luces intermitentes de color rojo y azul teñían las fachadas de piedra clara que durante décadas simbolizaron la impunidad y el poder intocable de una de las familias más influyentes del país.
Dentro de la propiedad, el caos se abría paso de forma irreversible. Empleados y asesores de confianza caminaban a paso apres