Al amanecer del día siguiente, la neblina invernal comenzaba a disiparse sobre los jardines de la mansión Castellanos. En la sala de reuniones de la residencia principal, la atmósfera era de una seriedad absoluta. Sebastián y Valentina aguardaban junto a la mesa central, acompañados por el licenciado Benavídez, el histórico abogado de la familia que había acudido de urgencia tras la llamada de Mateo a primera hora de la mañana.
Cuando las puertas dobles se abrieron, Mateo ingresó guiando a Ámba