El trayecto de regreso desde el centro penitenciario hasta la residencia en el valle transcurrió bajo un silencio denso y reflexivo dentro del vehículo ejecutivo. Mateo conducía con la vista fija en la carretera, manteniendo una mano firme sobre el volante y la otra entrelazada con los dedos de Ámbar. A pesar de la serenidad impecable que la joven había mostrado durante el encuentro con Augusto Valenzuela, Mateo conocía a su esposa con tal profundidad que podía percibir el torbellino de emocion