La noticia de la llegada del primer nieto de la familia Castellanos transformó la mansión en un hervidero de alegría contenida. Esa misma tarde, la familia se reunió en el gran comedor de verano que daba hacia los jardines floridos de la residencia.
Sebastián, que por lo general mantenía la compostura sobria de un patriarca experimentado, no pudo ocultar la satisfacción intensa que le llenaba el rostro. Al enterarse de la noticia durante la comida, se levantó de su asiento y abrazó a su hijo ma