La noticia de la muerte de Augusto Valenzuela marcó el punto final definitivo de una era de intrigas y persecución. Durante las semanas posteriores, un ambiente de absoluta serenidad y renovación se instaló en la residencia Castellanos. El valle se vistió con los colores vibrantes de una primavera esplendorosa; los jardines florecieron con un esplendor inédito y el sol cálido de la mañana iluminaba cada rincón de la mansión. Ya no quedaban expedientes por revisar, ni citas judiciales que atende