El regreso de Ámbar a la mansión Valenzuela esa misma tarde se sintió diferente. El aire de la propiedad, por lo general frío e imponente, ahora le parecía derechamente asfixiante. Las palabras de Mateo y la evidencia del contrato manipulado habían abierto una grieta irreversible en la confianza que le tenía a Augusto.
Aprovechando que su abuelo se encontraba en una reunión fuera de la ciudad con los consejeros del partido político al que financiaba, Ámbar decidió dirigirse al ala oeste de la r