A la mañana siguiente, el sol iluminaba el comedor principal de la mansión Castellanos. El desayuno familiar transcurría en una atmósfera diametralmente opuesta al ambiente claustrofóbico de la residencia Valenzuela. Las risas de Lucas, que intentaba convencer a Esperanza de que le ayudara con un proyecto escolar, se mezclaban con la conversación amena entre Valentina y Sebastián.
Mateo, sentado a la derecha de su padre, leía detenidamente la propuesta de fideicomiso que el equipo de Ámbar habí