La noche posterior a la gala no trajo descanso para Ámbar Valenzuela. La imponente residencia de la familia Valenzuela, una mansión de estilo neoclásico ubicada en las colinas más exclusivas de la ciudad, se erigía como un monumento al aislamiento y al poder antiguo. Muros altos, seguridad privada de corte militar y un silencio opresivo definían el ambiente en el que Ámbar había sido criada desde que tenía memoria.
Pasadas las doce de la noche, Ámbar cruzó las puertas de la biblioteca del prime