El parque de la ciudad, un extenso pulmón verde rodeado de árboles centenarios y un majestuoso lago artificial, estaba bañado por la cálida luz del mediodía. Aunque la presencia de un par de escoltas discretos a cierta distancia garantizaba la seguridad de la familia, la atmósfera que rodeaba a los Castellanos era la de cualquier familia plena disfrutando de un día de descanso.
Mateo y Esperanza caminaban a la orilla del agua lanzando trozos de pan a los patos, mientras Lucas, tomado firmemente