Dos días después, la mansión volvió a vestirse de fiesta para recibir a Valentina y al pequeño Lucas. El regreso a casa fue un evento íntimo, desprovisto de ostentación, pero impregnado de un amor palpable en cada rincón. Los ventanales del salón principal estaban abiertos de par en par, dejando entrar la brisa fresca del jardín y el perfume fresco de las flores blancas.
Esperanza y Mateo esperaban en el vestíbulo con una impaciencia encantadora. Cuando las pesadas puertas se abrieron y Sebasti