La tarde se había vuelto gris cuando el teléfono de Sebastián vibró sobre el escritorio.
Ricardo acababa de irse y Valentina estaba en la sala, tratando de ordenar en su mente todo lo que había escrito durante la mañana. La casa estaba en silencio, salvo por el sonido lejano de la lluvia que empezaba a golpear los ventanales.
Sebastián miró la pantalla.
Número desconocido.
Respondió de inmediato.
—Sebastián Rossi.
Hubo un breve silencio del otro lado. Luego apareció la voz que ambos estaban esp