La lluvia no se detuvo en toda la noche.
Valentina estaba en el jardín cubierto, mirando el agua caer sobre el césped oscuro. Tenía una manta sobre los hombros, pero no sentía frío. Había algo mucho más fuerte ocupando su mente.
La llamada.
La voz de Daniel.
El pequeño silencio que hizo cuando Sebastián mencionó las deudas.
El modo en que reaccionó cuando ella dijo que ya no le pertenecía.
Todo giraba una y otra vez dentro de su cabeza.
—Vas a terminar empapada aunque no estés bajo la lluvia.
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