La mañana siguiente comenzó mucho antes de que saliera el sol.
Sebastián ya estaba en el despacho cuando Valentina bajó. Lo encontró inclinado sobre la mesa, con varios documentos extendidos frente a él y una taza de café casi vacía a un lado.
Ricardo llegó poco después, con una carpeta negra y expresión concentrada.
—No vengo con buenas noticias —dijo mientras dejaba la carpeta sobre la mesa—. Pero sí con noticias útiles.
Valentina entró detrás de él y cerró la puerta del despacho.
Sebastián s