Después de aquella noche, la casa de Sebastián se transformó de una manera sutil pero irreversible.
Nada entre ellos fue apresurado. No hubo promesas impulsivas ni escenas exageradas. Lo que nació después de ese beso fue algo más sólido, más íntimo, construido con paciencia.
Valentina seguía teniendo pesadillas algunas noches. Seguía sobresaltándose con ciertos ruidos. Seguía cargando heridas invisibles que no desaparecerían de un día para otro.
Pero ahora, cuando despertaba asustada, ya no est