La lluvia comenzó a caer apenas llegaron a la casa.
No era una tormenta fuerte, sino una lluvia suave, constante, de esas que convierten la noche en un lugar íntimo y silencioso. Sebastián estacionó el auto en la entrada y ambos permanecieron dentro unos segundos, escuchando el golpeteo del agua sobre el techo del vehículo.
—Parece que llegamos justo a tiempo —dijo él.
Valentina sonrió apenas.
—Sí.
Pero ninguno se movió de inmediato.
Había algo suspendido entre ellos desde el mirador. Algo que