Jack la acompañó hasta su puerta sin soltarle la mano.
No hablaron al principio. No hacía falta. La noche ya había dicho demasiado en la terraza: la promesa de no callarse, la forma en que él había nombrado a Helena sin esconderle nada importante, el beso lento con el que había conseguido devolverle a Clary el aire que creía perdido.
El corredor del ala este estaba en penumbra, con esa calma elegante de Blackwell que siempre parecía saber cómo envolver los momentos más frágiles. Al llegar a la