La terraza lateral estaba casi a oscuras.
Solo una lámpara baja junto a la puerta dejaba un círculo de luz tibia sobre la piedra. Más allá, el jardín era una masa tranquila de sombras, rosales y perfume húmedo. Blackwell seguía respirando detrás de los muros, contenida, impecable, como si ninguna ex del pasado pudiera alterar de verdad el ritmo de sus calles.
Clary se apoyó con ambas manos en la baranda fría y soltó el aire despacio.
Jack se quedó frente a ella, no demasiado cerca al principio.