El camino de vuelta desde el cine fue demasiado corto.
Clary lo supo desde el primer momento en que salieron a la noche de Blackwell y el aire fresco les rozó la piel todavía tibia por todo lo que había pasado en la oscuridad de la sala. Jack no soltó su mano. Ni siquiera cuando cruzaron la plaza. Ni cuando la fuente quedó a un lado. Ni cuando el guardia, prudente y lejano, fingió no ver nada.
La llevaba así, con los dedos entrelazados con los suyos, como si ese gesto ya se hubiera convertido e