Clary se despertó antes de que llamaran a la puerta.
La primera sensación fue extraña: una mezcla de nervios, anticipación y esa clase de emoción que una mujer intenta disimular incluso ante sí misma porque, en cuanto la nombra, ya parece demasiado obvia.
Mañana, cuando salgamos al centro.
La frase de Jack había dormido con ella. O, más bien, la había acompañado durante una noche en la que el sueño fue ligero y lleno de imágenes confusas: la ciudad, el jardín, su mano entrelazada con la de él,