Clary cerró la puerta de su habitación y se quedó un segundo inmóvil, con la mano todavía en el pomo y el corazón completamente inútil.
No fue el beso del desayuno lo que más la había desarmado.
Ni siquiera el roce lento de la boca de Jack junto a su cuello.
Fue esa frase.
Te trato como si fueras mía cuando estoy contigo.
La había dicho sin sonrisa, sin juego, sin corrección inmediata. Como si se le hubiera escapado una verdad demasiado grande y, aun así, no hubiera querido retirarla.
Clary cam