Después de que Jack salió del pequeño salón, Clary ya no consiguió mirarse en el espejo con la misma calma.
Todo había cambiado por culpa de una sola mirada.
No porque él hubiera dicho algo escandaloso. No lo hizo. Apenas esa frase baja, aparentemente neutra, que cualquiera podría haber entendido como simple cortesía.
No hace falta que se den prisa.
Y, sin embargo, ella la había oído completa. Con el peso real que llevaba debajo. Jack quería seguir mirándola.
La idea se le quedó instalada en el