Clary dormía cuando empezó a amanecer, y aun así el sueño no llegó a ser profundo.
Cada vez que se movía entre sábanas, volvía a sentirlo: el corredor en penumbra, la palma de Jack en su rostro, la textura áspera de su barba bajo sus dedos, la manera en que la sostuvo cuando ella lo besó primero. No había sido un beso robado ni una provocación a medias. Había sido una elección.
Su elección.
Y eso lo cambiaba todo.
Cuando abrió los ojos, la luz ya entraba limpia por la ventana de la habitación n