La noche siguió respirando alrededor de ellos como si supiera que no debía interrumpir.
Clary seguía junto a la baranda de piedra, con la mano de Jack aún en su cintura y el eco del beso vibrándole en la boca. El jardín al otro lado estaba casi oscuro, apenas dibujado por las luces bajas del sendero y el reflejo tenue de la fuente. Más allá, Blackwell murmuraba en voz baja detrás de los muros, ajena por completo a la revolución silenciosa que estaba ocurriendo en ese rincón de la mansión.
Jack