El amanecer en el campamento de Lirien llegó con una calma engañosa. Los vientos de Skarn seguían azotando los mojones fronterizos, arrastrando polvo y hojas secas, pero la atmósfera estaba cargada de expectación. Ainge se movía entre los planos y mapas extendidos sobre la mesa de guerra, revisando la información que había enviado la víspera a Kael. Cada coordenada, cada anotación marginal, cada cifra y símbolo, era parte de un patrón que solo ella comprendía completamente.
—Capitán Varen —dijo